26 nov. 2010

003 - Fiesta de maridos desnudos

Sospeché que mi esposa Carmen estaba tramando algo cuando dijo que deberíamos hacer una fiesta. No es que esto fuera inusual, salvo que quería hacer sola la lista de invitados y me pidió no hablar de ello con nadie. Ella tenía un grupo particular de personas en mente.

Los invitados eran cuatro parejas casadas, por lo que seríamos diez personas en total. Cuando le pregunté a Carmen si tenía algo especial previsto, se limitó a sonreír, así que sabía que estaba tramando algo. Llamaba a todos para asegurarse de que nadie llevase invitados adicionales, y parecía más juguetona de lo normal en los días previos a la fiesta.

Fue a principios del verano, así que todos llevaban poca ropa. Las mujeres llevaban falda y tops ajustados.
Después de la cena, Carmen nos reunió en la sala, y pidió que los chicos le siguieran al sótano. Allí nos contó que ella y las otras mujeres habían planeado algo especial para la noche.

- Hace unas semanas - dijo Carmen - les comenté a las chicas algo divertido que podemos hacer. Algunas pensábamos en ir a un club de striptease, pero parecía de mala calidad. Así que pensamos que, en vez de estar con un montón de desconocidos desnudos, sería más divertido que vosotros nos mostréis lo que tenéis... ya sabéis, como en Full Monty.

Los otros chicos me miraron sorprendidos, pero yo no sabía qué decir.

- Marcos no sabía nada de esto - dijo Carmen - Todo es idea nuestra, y creedme, vuestras mujeres tienen muchas ganas. Ah, y antes de que se os ocurran ideas, ellas y yo permaneceremos vestidas. No es una orgía, es sólo un poco de diversión.

Carmen nos dejó solos unos minutos para pensar en ello. Nos señaló varias toallas que estaban apiladas en la mesa de billar, y dijo que podíamos llevarlas en la cintura cuando subiéramos, pero nada más.

- Podéis quedaros aquí y jugar al billar con la ropa puesta, o podéis subir desnudos y uniros a la fiesta - dijo Carmen - Tened en cuenta que vuestras mujeres os esperan.

Cuando se fue, los chicos querían saber lo que estaba pasando. Les dije que yo no sabía qué esperar, pero quería averiguarlo. Me quité la ropa, me puse la toalla alrededor de la cintura, y fui arriba. Las damas aplaudieron cuando entré en la sala de estar.

Uno a uno, los otros chicos entraron nerviosos en la sala de estar. Las chicas nos pusieron en fila y nos quitaron las toallas, quedando completamente desnudos frente a ellas. Carmen invitó a las damas a ver nuestros cuerpos. Ellas se turnaban para examinarnos de una en una. Tocaban mi pecho, mi culo, mis muslos. Se me escapó un gemido al sentir sus manos sobre mis pelotas y mi polla, que se estaba hinchando.

Después de que las mujeres comprobasen a cada uno de los chicos, Carmen les dijo que tomaran asiento en los sillones, pero dijo que los hombres permaneciéramos en posición de firmes.

- Yo diría que ya están en posición de firmes - dijo Mónica, dándose cuenta de nuestra situación, y todas rieron.

Carmen sacó un sombrero y nos dijo que ella y las otras esposas habían escrito varias actividades en pedazos de papel. Sacó uno de ellos y se echó a reír cuando lo leyó en voz alta:

- Remar - dijo.

Todas se reían mientras Carmen nos daba varias paletas de ping pong y nos hacía asumir la posición, apoyándonos en el respaldo de un sofá.

Los chicos seguíamos las instrucciones, ya que no teníamos otra opción. Algunas se ponían detrás de nosotros para ayudarnos a remar, otras miraban. Mi polla empezó a crecer aún más.

- Creo que a Marcos le gusta - dijo Silvia - Mirad lo dura que se le está poniendo.

Todas se rieron, y observaron a los demás, comprobando que yo no era el único que estaba empalmado.

Carmen sacó otro pedazo de papel y lo leyó:

- Bailad para nosotras - dijo, y todas comenzaron a aplaudir. Carmen puso música y, avergonzados, comenzamos a bailar. Algunos eran muy tímidos, pero otros nos acercamos a ellas, para que pudieran darle un buen vistazo a nuestros cuerpos. Algunas nos daban una palmada en el culo al pasar.

Cuando terminó la canción, Carmen leyó otra hoja de papel del sombrero:

- Cinco golpes - dijo.

Carmen quiso que yo fuera el primero. Me coloqué delante de las chicas y me di cinco golpes en la polla con la mano completa. El siguiente chico era más tímido. Lo hizo cerrando los ojos y apenas tocando su polla. Su mujer se levantó, le hizo darse la vuelta y le azotó en el culo con una paleta. Su rostro se puso rojo como un tomate cuando ella le dijo que lo hiciera otra vez. Esta vez mantuvo los ojos abiertos y lo hizo de nuevo.

La siguiente parte de la diversión se llamó "centro de atención". Las chicas se dividieron en dos grupos, y cada hombre tenía que estar en el centro de cada uno de ellos, con las manos detrás de la cabeza para dejar sus genitales desprotegidos. Se turnaban para besar mi cuello, tocar mi culo y acariciar mi polla y pelotas. Incluso la más tímida lo hizo sin ningún pudor.

Se terminó demasiado pronto, y tuve que esperar unos minutos mientras esperaba mi turno con el siguiente grupo. Me di cuenta de que Carmen estaba disfrutando mucho tocando los cuerpos de los chicos. Algunos pueden tener un problema con eso, pero a mí me resultó excitante.

Lo siguiente fue "control del orgasmo y tortura". Para ello, cada una de las mujeres sacó de un sombrero el nombre de uno de los hombres y se emparejó con él. Me emparejaron con María. Fui con ella, y comenzó a acariciar mi polla y a darle pequeños besos. Miré alrededor. Las demás hacían lo mismo con sus parejas. José estaba sentado en una silla mientras Carmen pasaba la punta de la lengua sobre su polla.

Sentí que estaba a punto de correrme. María debió de darse cuenta, porque agarró mi polla con firmeza y la sostuvo un momento, indicando que todavía no era hora de terminar. Esperó lo que me pareció una eternidad, hasta que mi pene se relajó un poco, para luego continuar acariciándolo. Las esposas hicieron esto varias veces, disfrutando de ello, y estábamos totalmente a su merced.

No estoy seguro de cuánto tiempo duró, pero finalmente Carmen sugirió que todos fuéramos a tomar una copa. Esto le dio a mi polla la oportunidad de calmarse un poco, pero me moría de ganas de correrme. Pensé que Carmen quería estirar esta noche el mayor tiempo posible. Las esposas estaban disfrutando de esto incluso más que nosotros, ya que, según Carmen, además de ser un giro en este tipo de cosas hace que las mujeres se sientan poderosas y que toman el control, y al estar entre amigos sabían que era seguro.

Carmen nos hizo salir a todos a la calle para el siguiente juego. Nuestro patio trasero y la piscina son aisladas y ninguno de los vecinos puede ver nuestro patio. El aire frío del comienzo del verano sobre mi polla me producía una sensación agradable.

Volvieron a emparejarnos a cada uno con una mujer que no fuera la nuestra. Esta vez querían ver cuánto tiempo les llevaría hacernos eyacular.

Carmen dijo que ella iría primero para darles una idea de cómo se hacía. Señaló a Juan, y él nerviosamente dio un paso adelante. Una de las chicas tenía un cronómetro, y cuando presionó el botón Carmen se puso de rodillas y se metió la polla de Juan en la boca. Él jadeó con fuerza y le agarró los hombros mientras ella trabajaba furiosamente su polla con su boca.

No pasó mucho tiempo antes de que el cuerpo de Juan se estremeciera y Carmen se tragase su leche. Ella continuó trabajando su pene con la boca hasta que le ordeñó completamente. Las chicas aplaudieron cuando Carmen se levantó y se limpió un poco la barbilla. Ver a Carmen chupándosela de esa forma a Juan fue un giro increíble para mí.

Paula, una rubia con senos muy grandes, iba a ser mi pareja. Ella se quitó su vestido y se quedó sólo con las bragas. Probablemente se me caía la baba cuando la ví. En ese momento, Paula se dejó caer de rodillas y envolvió mi polla con sus melones. La visión de mi polla apareciendo y desapareciendo una y otra vez entre sus tetas hizo que descargase una gran cantidad de semen sobre su cuello y su pecho. A continuación, limpió mi polla lamiéndola con su lengua.

Agotado, me senté para ver cómo se divertían los demás. Dos de las esposas utilizaron la mano para masturbar a sus parejas. Sólo una de ellas fue tan atrevida como Carmen, que optó por chupársela y tragar su leche.

Al terminar, todas nos dieron un aplauso, aunque francamente pensé que deberíamos haber sido nosotros los que aplaudiéramos. Paula nos regaló una hermosa vista mientras se quitaba las bragas y se metía en la piscina para limpiarse el semen de su cuerpo. Después de descansar un poco, los chicos y yo bajamos al sótano a vestirnos.

Los demás estaban muy callados, sin saber qué decir. Rompí el hielo diciendo que no deberíamos contar a otras personas lo que había pasado. Algunos se echaron a reír y estuvieron de acuerdo. Me di cuenta de que Juan no podía ni siquiera mirarme. Le pregunté que si le había gustado la mamada que le había hecho Carmen. Sacudió la cabeza y suspiró mientras una gran sonrisa se dibujaba en su cara.

- Eres un hombre afortunado - me dijo.

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